Y JESÚS DIJO...
Y JESUS DIJO…
Después del aparatoso y ridículo accidente de motocicleta en que Lázaro Villegas se rompió escasamente una pequeña porción de la cabeza del peroné, y que según su explicación poco convincente de que se debió a que cuando ingreso al estacionamiento que rodea a sus oficinas ubicadas al norte de la ciudad, allá por donde se encuentra el campo militar; intermedio se encontraba un individuo que le impidió el paso por donde es su costumbre que transite, obligándolo a evadirlo, después sintió una mirada penetrante de soslayo, misma que persistió sobre su nuca cuando lo rebaso, lo que lo obligo a tratar de voltear, momento mismo en que se introdujo la llanta delantera de la motocicleta en una oquedad lo que propicio que esta se resbalara en la arena que se encontraba en el fondo de la misma, no dándole posibilidad de maniobrar a pesar de la poca velocidad a que se desplazaba, cayéndole la moto de lleno sobre la pierna derecha e inmovilizándolo bajo sus 180 kilos de peso y dejándolo en una posición muy incomoda, por lo que solicito el auxilio del Mirón, que sin moverse de su lugar lo observa aunque no se desidia a da un paso a pesar de las suplicas de que se acercara, lo que sin embargo solo se logro con una orden autoritaria de Lázaro:
¡Oyeme Ca…nijo!
Sabemos por un testigo que al ir aproximándose el Mirón mascullaba:
“Como es posible que una moto tan bella sea manejada por un pende…Perdón…quise decir un inepto; yo también soy motociclista, y lo primero que se debe hacer…es sacar los pies”
Estas ultimas palabras también fueron escuchadas en silencio por el accidentado desde su posición tan incomoda, ya que se encontraba debajo de la motocicleta y tragándose su coraje ante la posibilidad de perder el posible auxilio del Mirón, mismo que a regañadientes y como pudo levanto el vehículo.
Después del percance, Lázaro todavía tuvo la desfachatez de asistir
-aunque cojeando- a su oficina y posteriormente a su taller en el cual realizo una sesión de movimientos rotatorios del pie derecho en la creencia de que se trataba de una torcedura y ante la persistencia del dolor y en un momento de lucidez, le solicito a un amigo motociclista que lo trasladara en la Moto del propio Lázaro a su domicilio, no si antes pasar a una farmacia por precaución a comprar una pomada para las torceduras (insistente).
Al día siguiente su esposa no creyendo que la lesión fuera una simple luxación debido a la coloración y la hinchazón en el sitio afectado, lo obligo a tomarse una radiografía en la cual se descubrió que aparte de que se trataba de una fractura, tenia otras dos anteriores y muy antiguas que Lázaro con pena y todo confesó qué se las curo con el mismo remedio del poco caso y un poco de pomada.
Ante este descubrimiento, Lázaro, fue conducido de inmediato a enyesarse el tobillo por el tiempo de un mes completo, con la consigna de moverse escasamente y con muletas. Al término de esos largos 30 días el Dr. Jesús Cristo Guevara le retiro los vendajes y le dijo:
¡LEVANTATE y ANDA…..!
Aguascalientes, Ags. a 16 de Diciembre de 1994.
Mateo García.

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